Una familia normal

Cuando las cosas se hacen bien, es común obtener un reconocimiento, pero resultaba bastante extraño que alguien notara la maestría de Gabriel en el embalsamamiento de cadáveres. Y es que era difícil que los dolientes se acercaran para darle las gracias por haber reunido todos las partes restantes de un familiar después de un terrible accidente, y presentarlo como si durmiera tranquilamente.

Además, era un tipo extraño, no tenía parientes o amigos, un día solo apareció, enfundado en el mismo traje negro que lucía siempre y ya no se marchó. Debido a que las personas se dirigían a él solo por necesidad, no conocían el terrible dolor que cargaba dentro, y lo mucho que sufría por tal soledad. Los únicos que no huían a su trato eran todos esos muertos a los que dedicaba la mayor parte del tiempo, y que lo escuchaban siempre tan detenidamente; seguramente ellos si le habrían agradecido por su magnífico trabajo si pudieran hablar.

Aunque por lo regular la gente de su entorno no le prestaba mucha atención, no pudieron evitar notar su repentina felicidad, su triste rostro se había iluminado con una sonrisa, y se le veían más fluido, muy cerca de pasar por una persona normal. Pero las cosas buenas duran poco, así como le vino el buen humor, también se marchó. Se le notaba entonces ansioso, desesperado, en momentos distraído. No mostraba interés por el trabajo, y se le vio husmeando en las zonas donde había niños. Este último hecho fue el que encendió los focos rojos de los vecinos.

Un día sin previo aviso, irrumpieron en su casa, para darle una golpiza y obligarlo a marcharse de ahí, pero se encontraron con una sorpresa, el hombre compartía la mesa con un grupo de personas. En el momento que vio los intrusos no hizo más que gritar: —¡Por favor no dañen a mi familia!—repetía esto una y otra vez, mientras un par de hombres los sujetaban, y el resto se mostraba horrorizado ante la escena, pues las personas sentadas a la mesa, no eran más que los cadáveres embalsamados de algunos vecinos fallecidos en últimas fechas. Gabriel, los había tomado y llevado a su casa después del funeral para convertirlos en una familia normal, que lo amara y le hiciera compañía.

Viendo en la mesa un lugar vacío, y analizando los actos de hombre perturbado los últimos días, dedujeron que estaba en busca de un infante, pues era lo único que le faltaba a la familia, ya que estaban presentes los supuestos abuelos, los padres, una esposa para Gabriel, y un chico adolescente. Asustados ante tal descubrimiento, asesinaron al hombre, atándolo a una silla, e incendiando su casa. Murió quemado junto a su falsa familia, misma que no alcanzó a completar.

Quisieron guardar el hecho en secreto, pero no pudieron evitar sentir nervios, cuando los chicos del lugar empezaron a hablar sobre un delgado hombre vestido de negro, que se paseaba por las áreas de juego. Algunos decían que tenía el rostro quemado y encontraron restos de cenizas en varios parques y escuelas. Al parecer ni la misma muerte pudo apartarlo de su deseo de combatir la soledad y sigue buscando al miembro faltante de la familia para irse a descansar en paz.


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