Fueron las voces

Fueron las voces
5 (100%) 1 vote

Un matrimonio se encontraba sentado frente al televisor viendo una película de terror, cuando de momento un fuerte sonido hizo que el hombre exclamara: – Amor ¿no crees que estos sustos le pueden hacer daño al bebé?

– Para nada. De hecho, el único asustado eres tú. Si no quieres terminar de ver la cinta lo entiendo. Te veo en cuanto esto termine.

El marido se levantó de su asiento y antes debe irse a acostar se dirigió a la cocina a tomarse un vaso con leche tibia.

– ¿Quieres que te prepare algo? Le gritó a su mujer.

– No gracias, ahorita no tengo hambre.

– Deberías comer aunque fuera una fruta, recuerda que el médico te dijo que a partir de la semana siete de embarazo son muy importantes los nutrientes.

– Está bien, tráeme un mango pero no olvides ponerle un poco de chile piquín.

La mujer terminó el visionado de la película y se quedó profundamente dormida en el sillón. Súbitamente un zumbido hizo que se despertara de forma estrepitosa.

– ¡Otra vez se fue la señal de cable! Pero mañana esa gente me va a oír. Murmuraba en voz baja.

Antes de que pudiera oprimir el botón de apagado en el control remoto, en el televisor apareció un rayo de luz azul, el cual hizo que sus pupilas se dilataran.

Fue hasta la cocina y sacó de uno de los cajones el cuchillo más afilado que encontró. Se introdujo a sus aposentos y sin darle oportunidad de reaccionar a su marido, lo degolló brutalmente.

En el momento en que la sangre de su cónyuge tocó el suelo, unas extrañas voces de ultratumba llenaron su cabeza.

– ¡Cállese, cállense! Alcanzó a balbucear.

Con la mirada perdida fue al cuarto de las herramientas, sacó un taladro y lo conecto al suministro de energía eléctrica. Sin pensarlo dos veces apuntó la afilada broca contra su vientre y lo perforó varias veces hasta que murió.

Han pasado más de dos décadas de que lo represente acontecimiento y aún ese domicilio permanece vacío.

{ 0 comments… add one }

Leave a Comment

Leer entrada anterior
El gato en la habitación

Así nada más, en una tarde común y corriente, la gente tuvo que dejar atrás la costumbre de abrir las...

El salón de las estatuas

Después de una terrible tormenta, Raúl tenía demasiado trabajo arreglando fachadas y casas dañadas, pero aun así no pudo evitar...

Cerrar