El salón de las estatuas

Calificar!!

Después de una terrible tormenta, Raúl tenía demasiado trabajo arreglando fachadas y casas dañadas, pero aun así no pudo evitar aceptar la tentadora oferta de una anciana, quien le ofreció más de lo que gana en un mes, por una solo tarea, la cual debía atender de manera urgente. El muchacho se encaminó de inmediato, pero aun así, llegó un poco tarde pues le fue difícil dar con la propiedad, aunque estuvo todo el tiempo al teléfono recibiendo indicaciones de la anciana. Un par de horas después, internado en un sombrío y nebuloso bosque, llegó hasta un caserón, más grande que todo su vecindario.

El joven estaba realmente asombrado, el lugar parecía abandonado pues se veía en muy mal estado, y pensó que si tenía que reparar todo eso, la paga le quedaría corta. Sujetaba con sus manos los gruesos y fríos barrotes del portón, aun mirando consternado, cuando el embiste de dos enormes perros negros mal encarados le hicieron saltar hacia atrás. Parecía que iban a comérselo vivo, pero al aparecer una pequeña y encorvada anciana que caminaba con dificultad, se convirtieron en tiernos cachorros.

Ella abrió la puerta y olvidando cortesías lo reprendió por llegar tarde y sin dejarlo hablar lo apuró para empezar con sus labores. Ella solamente necesitaba que reparara el techo de la tercera planta, donde la caída de un árbol había dejado un agujero. Y que se marchara a las 3:30 p.m. sin falta, pues a las cuatro ya empezaba a oscurecer y ella cerraba muy bien todas las puertas de su propiedad, para no abrirlas hasta el siguiente día. El joven recibió con agrado las instrucciones, porque el trabajo a final de cuentas resultó ser poco.

Al llegar a la habitación del problema, había una hermosa chica, restaurando algunas estatuas dañadas por la caída del techo y la actitud de las aves. Los dos encajaron muy bien y sin darse cuenta, el tiempo se les fue volando, hasta que empezó a oscurecer… entonces se vieron sorprendidos por una serie de ruidos en las plantas inferiores, sonaba como si una multitud de personas transitara por ellas, y de pronto el silencio absoluto. Para después saltar de susto con los tremendos gritos que emitían. El joven se asomaba en cada ocasión pero no podía ver nada, aunque algo muy raro sucedía, los adornos de las paredes vibraban y el suelo de madera se hundía y crujía, como cediendo a unas muy pesadas pisadas.

No quiso decirle nada a la muchacha, solo la invitó a irse, pero justo al salir de la habitación, la anciana los encañonó con su escopeta, reprendiéndolos por no haberse ido antes como se los ordenó. Ella lucia en verdad muy nerviosa, sus manos no dejaban de temblar y los chicos temían que en cualquier momento se le escapara un tiro, así que mejor siguieron sus órdenes, ella los llevó hasta una habitación llena de escrituras extrañas y dejó la escopeta recargada en la pared. Viendo los deseos de Raúl por tomar el arma y salir, la anciana solo utilizó unas palabras para decirlo todo: -Si quieres arriesgarte con lo que hay afuera, ¡adelante!, pero te aseguro que un arma de nada te sirve y no saldrás con vida de aquí-.

Raúl recordó entonces lo que había visto…bueno, más bien lo que no vio, así que atendió ahora si las instrucciones de la anciana, se quedaron ahí hasta que los primero rayos del sol empezaron a entrar, el chico abrió entonces la puerta para salir corriendo, y con sus incrédulos ojos pudo observar un sin número de animas vaporosas, desintegrándose frente a él, al ser alcanzadas por la luz del sol.

Aun con la prisa que tenía por irse, la anciana les suplicó que terminaran su trabajo en el salón de las estatuas, pues esos guardianes de piedra eran los que impedían que las animas escaparan de la mansión, y ese pequeño agujero en el techo era suficiente para que se fueran por ahí… nadie podía saber cuántas lograron escapar esa noche.

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    Aquí en este post. Volveré a tu blog para más pronto.

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