Cuento de una visita fantasmal

Cuento de una visita fantasmal
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Nadie podía creer los relatos de aquella pequeña de cuatro años cuando contaba la razón de su nerviosismo. Muchos niños hablan de monstruos bajo la cama o en el armario, amigos imaginarios, pero Nataly describía con exactitud inquietantes sombras acercándose a su cama y figuras traslucidas con forma humana intentando tocarla.

Lloraba constantemente a altas horas de la noche, pues veía que el pasillo se iluminaba de forma escalonada, como si pequeñas luces se activaran al ritmo de unos pasos que se acercaban. Después la puerta de su habitación rechinaba, y dos extrañas sombras entraban para colocarse junto a su cama. Por supuesto cuando alguien acudía, ya no había nada.

Al ser tratada de mentirosa, la niña tuvo que aprender a controlar su miedo, y a crecer entre aquellos espectros que con el paso del tiempo ya ni le perturbaban. Ella sonreía al espíritu de la niña que se sentaba a los pies de su cama, saludaba a la vieja de mirada macabra que aparecía en el sofá del salón y daba las buenas noches al par de sombras que la rodeaban.

Estaba tan acostumbrada a todo esto, que al mudarse a un nuevo piso y encontrarse con otros espectros, no le causaron la más mínima perturbación. En este caso, eran los demás miembros de su familia quienes escuchaban los pasos en el corredor, los que veían las luces prenderse y apagarse. Luego los aparatos eléctricos se activaban solos, aun desconectados de la corriente eléctrica. Las puertas rechinaban y daban a paso a seres extraños, pronto en esa casa no había más que gritos de horror, excepto de Nataly, que ahora tenía ya casi veinte años, y los reconfortaba diciendo que en todo este tiempo, a ella jamás le habían hecho daño.

Pero hay espíritus indefensos, que solo aparecen y desaparecen sin causar más que un buen susto…y hay seres oscuros, llenos de rencor, movidos por la venganza, que solo quieren hacer el mal a quien le rodea…por primera vez, Nataly sintió sus pies el toque frio de aquella materia extraña que le jalaba las sabanas, olio la podredumbre de un espectro descompuesto, y sintió el mal que se le posaba sobre los hombros…

Entonces volvió a gritar, todos en su familia gritaron juntos ante aquella visita fantasmal que llegaba a su casa todas las noches.


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