Recuerdos

Un extraño zumbido en sus oídos le hizo despertarse a mitad de la noche un poco mareado. Pidió la ayuda de su esposa, pero esta no se encontraba en la cama, tampoco respondía a sus llamados, así que fue a buscarla al cuarto de los niños, porque a veces ella pasaba a verlos mientras dormían. Ahí tampoco estaban así que bajo a la cocina donde a veces tomaban un vaso de leche tibia para combatir el insomnio. Sin embargo, todo estaba a oscuras, y no había rastro de ellos.

Las puertas estaban cerradas, las llaves en su lugar, no se mostraban señales de que hubiesen abandonado la casa, y mucho menos existía una razón para que lo hicieran. Un poco desesperado, se preparó para buscarlos por todos lados, pero en ese momento, el zumbido aumentó su volumen, acompañándose de una tremenda vibración que hacía temblar la casa, al mismo tiempo que una extraña luz entraba por cada rendija y se intensificaba sobre él, como si los muros no le estorbaran.

En unos momentos, se vio completamente iluminado, sus pies empezaron a despegarse del suelo, una fuerza invisible lo llevó hasta el techo, el cual atravesó sin problemas. De pronto estaba flotando en el aire, pataleando, luchando por liberarse de aquello que lo atrapaba, pero sus esfuerzos eran en vano, el zumbido hizo sangrar sus oídos y casi perder la razón.

Pero se tranquilizó al ver a su familia, este buen momento no duró mucho, pues en un instante se dio cuenta que estaban atados a unas mesas y junto a ellos había cientos de aparatos extraños, manejados por grises hombrecillos.

En un momento no hubo más que gritos que le hicieron desfallecer, al recuperar la conciencia, gritó de nuevo, y toda la familia vino asustada a ver lo que había sucedido. Todos estaban bien, en casa, al parecer dormían. Nadie recordaba lo ocurrido, solamente él, y paso el resto de su vida entre gritos, temiendo a las luces y zumbidos, solo por aquellos perturbadores recuerdos.

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