Leyenda del hospital encantado de Sierra Espuña

Esta leyenda de terror me la conto me abuelo y dice que en la pedanía de El Berro, dentro del término municipal de Alhama de Murcia los restos de un edificio llamado el Antiguo Sanatorio de Tuberculosos de Sierra Espuña. En la actualidad, el sanatorio está abandonado, en ruinas, destrozado. Pero no así su leyenda, que a estas fechas no ha hecho más que seguir creciendo.

Su construcción comienza en 1913 cuando la plaga de tuberculosis afecta al país. Debido al carácter contagioso de esta enfermedad lo mejor era aislar a los afectados, preferiblemente en lugares donde sobrara el aire fresco y puro, ya que se consideraba la mejor medicina para una posible recuperación. El desarrollo de la obra fue lento debido a que los propios vecinos se encargaban de ello; reuniendo fondos y trabajando con sus propias manos, lograron abrir la primera planta en 1917. Todo se agilizó con la cesión del edificio al Estado en 1931 y la edificación se dio por finalizada en febrero de 1934. Para ser inaugurado al año siguiente.

Contaba en sus inicios con tres alas de dos pisos y un sótano; posteriormente fue añadida la casa del conserje, el depósito de cadáveres, los velatorios y un acueducto para recoger agua del deshielo. El hospital tenía doscientas camas y 50 empleados. La planta superior se dedicaba a los enfermos más graves y en piso de abajo se colocaron aquellos que no necesitaban aislamiento. Desgraciadamente la mayoría acababa en la planta superior, con pase directo al carro del sepulturero después de una larga agonía. Fue así hasta el año 1949, pues con el descubrimiento de la estreptomicina que las cosas cambiaron, los enfermos tuvieron mayores oportunidades de recuperación, quedaron tan solo unos pocos que se trasladaron al Hospital Provincial de Albacete y El Ministerio de la Gobernación, decide entonces utilizar el complejo para un orfanato, el cual fuera cerrado en 1962 a causa del alto coste de mantenimiento.

El lugar permaneció abandonado hasta principios de la década de 1980 cuando el Gobierno Regional, hace una fuerte inversión para restablecer ahí un albergue juvenil. Sin embargo, solo lograron rehabilitar el ala izquierda, quedando el resto igualmente abandonado. Aunque el albergue se promocionó por todo lo alto, apenas atrajo unos cuentos jóvenes, ya que muchos encontraban incómodo aquel solitario y ruinoso sitio en el cual tenían que convivir con “fantasmas“. Durante esta época no hubo más que decadencia, hasta que fue definitivamente cerrado en 1995, y puesto bajo vigilancia, la cual solamente se conservó los dos años siguientes.

De los testimonios recogidos en su época como sanatorio, se dice que en cierta ocasión, el sepulturero se llevó un susto de muerte, cuando uno de los cadáveres se movió fuertemente dentro de su ataúd, tocando varias veces, como intentado salir. Antes de su restauración en los años 80’s, el miembro de un grupo militar en maniobras, disparó en contra de una nebulosa sombra femenina, de color verde grisáceo que deambulaba por el pasillo ignorando las señales de alto del soldado.

Toda la compañía vio, sin perder detalle como las balas atravesaron a la transparente aparición que ni se inmutó ante el hecho. Más tarde, los jóvenes del albergue confirmarían la aparición de esta mujer, o tal vez otras tantas más, pues se decía que en ocasiones aparecía vestida de blanco, o completamente de negro, puede ser que se tratara de distintas manifestaciones. Los chicos también expresaron su intranquilidad a causa de puertas y ventanas que se azotaban e incontables ruidos de procedencia extraña.

Leyenda del hospital encantado de Sierra Espuña

Cuentan que la mayoría de los sucesos paranormales se dan en la primera planta, específicamente en los pasillos que unen la parte reformada con la más antigua, ambas zonas están separadas por una puerta, tapiada para impedir el paso en ambos sentidos. Puertas y ventanas de la antigua zona fueron selladas, por lógica se cree que es una medida para evitar que el inmueble sea objeto de vandalismo, pero también puede deberse a que hay algo dentro, que necesita ser contenido. Pues en el lugar se han grabado numerosas psicofonías, y tomado fotografías de entes caminantes como la que se muestra arriba.

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